Nací en la primavera del hemisferio sur, al sudeste de la costa atlántica de argentina. Antídoto para la familia, para los amigos y para mi misma. Como todo antídoto debo ser utilizada en el tiempo preciso, de lo contrario resulto nociva o soy placebo

lunes, 7 de diciembre de 2009

La caida de Nestor


Llevábamos varias noches casi sin dormir.
La noticia de la caída nos había sorprendido a todos.
No es que no la esperáramos, pero la confirmación no dejo de resultar angustiante.
Que haríamos ahora era la pregunta que todos nos hacíamos pero nadie se animaba a expresar.
La caída se llevaba muchas cosas. Los proyectos, el trabajo y todo lo que pensábamos hacer quedaba en suspenso.
Como se la tomaría  él  al volver a la conciencia y darse cuenta de lo que venia por delante era otro de los interrogantes.
Mucho esfuerzo  nuevamente, otra vez el trabajo intenso para reacomodarse y en eso otra vez nosotros. Acompañando, comiéndonos el mal humor, las protestas, las demoras.
Trabajando más y además mejor. Para que casi no se notara que había caído. Para que él y todos creyeran que estaba todo bien. Como de costumbre.
Fue en vano prevenirlo. Fue en vano aconsejarlo. Nunca se dejo acompañar y en este momento menos todavía.
La omnipotencia, el creerse inmortal o al menos inquebrantable eran dos características esenciales que a esta altura nos habíamos resignado a aceptar.
Pero eso sí, dar las ordenes era algo que no dejaba de hacer en ningún  momento. Bajo ninguna circunstancia.
Ante la sola sugerencia de programar la operación se enfurecía. No escuchaba ningún argumento. Ni que hablar de las reacciones cuando se le sugerían precauciones.
Y acá estamos, hijos, nueras, nietos en el hospital otra vez.
Néstor se cayó y se quebró la otra cadera.
Todo vuelve a empezar. Nos quedamos sin vacaciones este verano.